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Concluí que las mejores historias (contadas en cualquier lenguaje) son las que tienen un insight sobre la vida del hombre promedio (el que nace-sobrevive-trabaja-procrea-muere); es decir, que consiguen la abstracción de los conflictos que tiene la gente y causan el efecto de que el espectador se reconozca en la obra. Creo que ese momento es el mayor punto de expresión de un creador.

Blue Valentine de Derek Cianfrance reproduce con detalle las fases por las que pasan la mayoría de las parejas cuando se estancan en el conformismo de tener un trabajo mediocre, una casa “bonita” y un hijo; y uno de los dos, después de mucho tiemo de depresión, se da cuenta de lo que sucede. La narrativa de la película permite ir comparando el inicio con el final de la relación y cada fatídico suceso del presente se hace más intenso, cuando ves lo romántico del antes.

Llena de canciones perfectas, detalles en el arte, diálogos que citas en tu muro y una sensación de ver la realidad en el cine, Blue Valentine se convirtió en una de esas películas que parecen obvias, pero sólo aquellos con capacidad de introspección pueden reconocer el verdadero mensaje.

Se exhibe en pocas salas, sólo unas cuantas semanas: no se la pierdan. Búsquenla como Triste San Valentín.

Aquí el tema principal, que fue descubierto por el actor principal, Ryan Gosling, y ahora es un hit para dedicar.

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