Por Alejandro Carranza

En esos tiempos en que Messenger todavía era como tu morra (siempre abierto) tuve una conversación con un vato que se decía bien Hip-Hop. “Zulu Nation” por nickname y acá. Después de las típicas preguntas esas que te hacen para saber qué tanto le sabes al pedo, me preguntó algo así como: “A ver, ¿sabes cuántos artículos tiene la declaración de Hip-Hop ante la ONU?”. En ese entonces no supe qué responder. Yo no sabía de qué me hablaba y hasta me sentí un completo neófito en el ámbito.

Ese día, si mal no recuerdo, vi por primera vez el nombre: “Simón -me dijo-, eso lo propuso el KRS-One, ¿a poco no lo sacas? Fue el que escribió el Evangelio del Hip-Hop. Es uno de los raperos más importantes de la historia”. Luego me enteré de que había propuesto 9 elementos y no 4, que estaba ufano de haber traído el verdadero boom-bap de vuelta, y que profesa que en 100 años el Hip-Hop será la religión imperante, literalmente. No me quedó más opción que la desconfianza.

Recuerdo también que en la secundaria me estacioné un rato en la idea de que lo importante a la hora de rapear era el mentado ‘mensaje’. No sé si a muchos les pasó, pero yo sí llegué a pensar que si una rola no abordaba temáticas sociales, consciencia e incluso la famosísima “revolución”, entonces no era Hip-Hop y no rifaba. Así, de esas. Gracias a Dios crecí.

Pues, algo así me pasa con KRS-One, creo que se dedica más a intentar decir algo -según él de mucha trascendencia- que en realidad a rapear chido. Trataré de no sonar severo, porque, claro, ¿quién soy yo –un simple mortal– para hablar de “The Teacha”, no? Por ejemplo en “Sound of da police”, yo no le encuentro mucha trascendencia a decir que los policías son también muy ratas, haciendo uso tan sólo del pareado y desfasando de repente.

De hecho, en el Return of the Boom Bap recae seguido en eso, en decir cosas que cualquier persona un poquito lúcida ya pensó alguna vez, usando puros pareados sin más gracia que su vocesota de homeless criado en el Bronx. Incluso el nombre del disco me parece puro hype. Digo, Eric B & Rakim ya traían ese boom-bap raspabocinas desde el Paid in full, y en el ’93, cuando salió el disco, estaban también el Enter the 36 chambers del Wu-Tang Clan y el Midnight marauders de A Tribe Called Quest, por nombrar solo un par. Tampoco voy a decir que es un pésimo disco ni nada, tiene producciones de esas macizas con DJ Premier, Showbiz y el propio KRS.

Es entonces cuando compruebo una de esas premisas importantes: La forma de dar un discurso (por así llamarlo), puede ser un fondo bastante digno del mismo. En cambio, el fondo del discurso por sí solo, no siempre se desarrolla de buena manera y creo que a KRS-One le pasa. Si bien sólo he topado dos discos suyos, lo que es cierto es que creo que es uno de esos rappers sobrevalorados. Y es que yo no encuentro manifiesto ese “antes y después” que algunos mencionan, ese parteaguas en la escena.

Al día de hoy, para mí es muy claro que (antes que “el mensaje”) aquí el que rifa es el que se carga las skills y punto. En el Rap, en el Hip-Hop y en la vida misma.




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