Por Llamil Mena Brito

Nueva York, entre muchas otras cosas, es una ciudad plagada de símbolos. Edificios, calles y personajes que han trascendido el espacio de la Gran Manzana y lograron convertirse en un referente de la cultura mundial.

Jay-Z es uno de ellos, pésele a quien le pese. Muchos hemos sido testigos del eterno ascenso de Sean Carter desde un prodigioso MC a un empresario. Y los que hemos continuado admirándolo a pesar de sus discos menores o de sus pretenciosos gestos faraónicos entendemos algo: si la forma ha variado, el fondo ha quedado intacto. Jay-Z es Brooklyn y todas las implicaciones que ello conlleva las ha asumido con todo el honor y el respeto que un artista le debe a su pasado y su consecuencia.

Éste corto es una magnífica representación de esa carrera y ese orgullo. Una vista al monstruo que Jay-Z representa para una ciudad y un tributo al duro pasado que construye lo que muy pocos pueden presumir como respeto.

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